De las danzas que actualmente te practican, ésta es posiblemente una de las más antiguas.
Nacida en los países árabes y enriquecida por el imperio otomano, bereber, griego y demás culturas, hoy en el siglo XXI es muy admirada y mujeres de todo el mundo sueñan con aprender este arte milenario que combina misterio, sensualidad y completo trabajo corporal.
Uno de sus rasgos, que activa a nivel cerebral muchas funciones, es la de coordinar movimientos rítmicos y ondulantes a la vez.
Los brazos están conectados con lo celestial, de ahí la suavidad y sinuosidad de las extremidades superiores y de las manos. Las caderas están ligadas a lo terrenal a través de golpes y vibraciones enérgicas. El desdoblamiento exige que mientras realizas movimientos de ondulaciones, rotaciones o cortes con el torso mantengas quieta la parte inferior del cuerpo y viceversa, lo cual te lleva a un intenso trabajo físico pero también mental, en la que la concentración se ve alimentada por las más bellas melodías.
En antiguas civilizaciones de medio oriente, la danza del vientre tenía múltiples sentidos; de agradecimiento y ofrenda a algún Dios, de celebración ante ciertos acontecimientos y de impulsora de la maternidad, pues por trabajar intensamente la zona abdominal se le atribuían grandes beneficios para que la madre tuviera aptitudes físicas que faciliten el momento de dar a luz.
Además de los bailes tradicionales hay otros, algunos más antiguos y otros más renovados por influencias posteriores que usan elementos como bastones, sables, velos, cántaros y crótalos (especie de castañuelas orientales), que convierten a la ejecución del baile en asombrosas obras de arte.
Pese a su antigua data, esta danza fue descubierta por Occidente tardíamente. En el siglo XVIII había relatos de los navegantes y mercaderes que encontraban a la práctica como algo pecaminoso. Recién en el siglo XX, durante los años 30 y 40, Occidente logra otra mirada a través del cine de Hollywood que empieza a incluir en sus grandes producciones números musicales con orquestas y bailarinas orientales.
Hoy ha crecido en diversos países la afición por estas danzas orientales y las mujeres se han volcado a aprender y disfrutar de esta expresión.
La danza árabe tiene innumerables beneficios a nivel físico, mental y espiritual. Hace además que la feminidad se maximice y se adquiera una postura erguida y un caminar delicado.
Si bien es practicada también por hombres, especialmente en su acepción folclórica, es la danza más completa y esencialmente femenina.
Además de ser una opción para realizar actividad física, es una arte que puede convertirse en tu práctica favorita y despierte una nueva pasión.
La danza árabe con todos sus sentidos te enamora y enamora.

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