Para quienes nunca han experimentado estos juegos, la propuesta puede parecer chata, trillada hasta burda, pero quienes se han atrevido a esta variante a la hora del encuentro sexual, aseguran que se crea un clima lúdico, fortalece vÃnculos y “prepara” el escenario para un gran acto.
En principio recurrir a los disfraces ha de ser una táctica para parejas que ya se conocen bien, que tienen suficiente confianza y que ambos encuentran divertida a esta alternativa. No es tan recomendable para quienes aun se están empezando a conocer y no sabe n bien lo que más le gusta a su compañero.
Al comienzo de la interacción el estar disfrazado podrá resultar gracioso, después de pasar por ese primer momento de contemplación, miradas y sorpresa comienza la fantasÃa que se potencia si el que lleva puesto el disfraz sabe actuar, al menos en los momentos preliminares, aludiendo y personificando al traje que lleva puesto.
Son más las opciones para las mujeres: enfermeras, conejitas, diablillas, etc. que con ligera ropa emulan a esos personajes siempre desde un lugar sexy.
Para los hombres suele haber disfraces de superhéroes también livianos de prendas o slips muy osados, solo aptos para la intimidad.
Con mayor o menor producción, además de fantasÃa, puesta en escena, elementos visuales provocativos que exaltan zonas erógenas y demás, lo que estos disfraces y jueguitos proporcionan es un espacio entre la intimidad, la complicidad, el divertimento y la gracia que provoca verse el uno al otro con una apariencia sólo para ese contexto.
El humor en la pareja va de la mano con las ganas del encuentro sexual, de los besos, las caricias y demás. Por eso una opción tan sencilla y graciosa como ésta puede terminar siendo el condimento que la rutina estaba aclamando.

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Definitivamente hay que atreverse a lucir cosas novedosas, a cautivar a la pareja con otros atuendos que normalmente no se usan. Hay una gran cantidad de lencerÃa que puede ser muy útil para animar el encuentro sexual.