LAS VEGAS. Una amiga acaba de enterarse que dará a luz un varoncito. Es su primer hijo y, en lugar de festejar, lloró cuando se hizo una ecografía.
Es que realmente quería una niña.
Se supone que las madres dirán siempre que se sienten muy felices, sin importar si el bebé es varón o niña, que lo único que les importa es que sean saludables. Pero el desencanto con el sexo de un bebé es un problema real y desgarrador, que afecta a muchas mujeres embarazadas.
Christine Lich, de Lindenhurst, Illinois, siempre pensó que tendría una niña. Pero dio a luz tres varones. Quería ser la madre ideal, de modo que nunca le comentó a nadie su desencanto, con excepción de su esposo.
Te dicen que es un varón y tú suspiras. Por un momento, te sientes en estado de shock. No habrá vestiditos rosados. No habrá álbumes de recortes. No habrá nada de eso, señaló Lich.
Lich está harta de la gente que le dice cosas tipo ¨vas a buscar la nena? o tienes que tener una niña.
Cuatro años después de dar a luz su último varón, Linch no puede comprar ropitas de niña para los cumpleaños de las amiguitas de sus hijos. Le resulta demasiado doloroso.
Joyce Venis, enfermera de Princeton, Nueva Jersey, que trabaja con mujeres que sufren por no haber dado a luz bebés del sexo que preferían, dice que en general no se habla de ese tema porque la mujer teme ser mal vista. Venis indicó que la mayor parte de las veces las mujeres con este problema querían niñas.
El hecho de que una mujer prefiera un bebé de un sexo definido no quiere decir que vaya a ser una mala madre si da a luz un hijo del otro sexo, señaló Venis.
Tienen derecho a preferir un sexo, expresó.
Venis recomienda que las mujeres averigen el sexo del bebé cuando están embarazadas para que el golpe no sea tan fuerte si lo descubren al dar a luz. Dijo que es bueno que las mujeres encuentren alguien con quien hablar y, si se sienten deprimidas, vean a un terapeuta.
Katherine Asbery se sintió tan deprimida cuando nació su tercer hijo que no quería hablar de su sexo. Decía que no es una niña y se pasaba horas llorando.
Ella y su marido probaron distintas técnicas que se supone permitían concebir una niña.
Ese sueño que tenía nunca se hizo realidad y hay que hacerse a la idea, manifestó.
Asbery, quien tiene una maestría en psicología clínica, comenzó a hablar de sus frustraciones en foros cibernéticos para madres y posteriormente decidió escribir un libro titulado Sueños alterados: Cómo vivir con el desencanto por el género.
Se refugió en su fe y le sirvió hablar con mujeres que sentían lo mismo. Dijo que es importante que la gente comprenda que las mujeres que sufren por no haber dado a luz un bebé del género que deseaban quieren a sus hijos y no son malas madres. Es solo que la familia que soñaban tomó otra forma.
Su tercer hijo tiene tres años y Asbery admite que de vez en cuando siente alguna tristeza. Lo mira y se pregunta por un momento cómo se vería si fuese niña. Ella y su esposo han decidido no tener más hijos. La familia está completa así como está y ella dice que ya no siente que le falta algo.
Quiere que todas las madres sepan una cosa: Es normal sentirse deprimida. No deben pensar que son malas madres. Hay un proceso normal que sucede cuando cambian los sueños de una. Hay que aprender a darle forma a otro sueño.
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